miércoles, 7 de junio de 2006

épiméleia heautou (3)

Esta práctica del cuidado de uno mismo, este conocimiento de sí mismo, sin embargo, necesita del otro. El otro es el mediador que conduce a la práctica de uno mismo, al propio cuidado.

¿Cómo puede ser esto así? ¿quién o qué es el otro?

Foucault (cf. M. Foucault, Hermenéutica del sujeto, la Piqueta, 1994) parte de la consideración de las prácticas habituales en las que el otro incide sobre el cuidado de uno mismo en la visión helénica, y señala tres ejercicios básicos: el ejemplo que dan los grandes hombres y la tradición, actuando como modelo, la capacitación (entendida como transmisión de saberes, comportamientos y principios) y el desasosiego, la estrategia socrática por excelencia, consistente en poner al descubierto al sujeto. Los tres ejercicios, dice, descansan en el juego entre la ignorancia y la memoria, y exigen la mediación del otro, su intervención, para la transformación del individuo en sujeto consciente de sí...

Aquello hacia lo que el individuo debe de tender no es un saber convertido en el sustituto de su ignorancia, sino un estatuto de sujeto que en ningún momento de su existencia ha llegado a conocer. Tiene que sustituir el no-sujeto por el estatuto de sujeto definido por la plenitud de la relación de uno para con uno mismo. (p.58) Aquí, dice, es donde el otro tiene que intervenir. El maestro es así el operador y mediador en la reforma del individuo como sujeto. Para entender esto, el paso del individuo ignorante al sujeto que se cuida de sí, Foucault recurre al análisis de la estulticia y a la idea de la filosofía como otro, como mediadora de esta transformación.