Mostrando entradas con la etiqueta escritura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escritura. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de septiembre de 2007

Negros

¿Os acordáis de esa expresión que se usaba para explicar la productividad desmesurada de algunos autores famosos?

Es que ese tiene sus negros.

También se hablaba de negros para referirse a quienes se suponía que escribían en realidad los miles de novelas románticas, del oeste, etc. que se publicaban bajo el nombre de tres o cuatro autores y autoras...

Nunca supe de la verdad o falsedad de estos rumores, aunque tengo que reconocer que me imaginaba a personas recibiendo instrucciones y redactando en un tono que no era suyo, no podía ser suyo.

Escalofríos.

Este cuento de Idgie proporciona un punto de vista nuevo que merece la pena leer.

Sobre la escritura y el género

Acabo de leer un artículo de Tere Mollá sobre las letras de las mujeres. Me ha gustado. He visto allí la sensación que me produjeron algunas de mis lecturas de este verano. Me refiero al Diario de una abuela de verano, de Rosa Regás, a Ojos azules, de Toni Morrison, a Hierba mora, de Teresa Moure, a La noche de los calígrafos, de Yasmine Ghata y, también, aunque la escriba un hombre, a Vita brevis, de Jostein Gaarder, porque creo que su autor ha intentado mirar el otro lado de la historia, ha intentado ponerle voz a Floria, la compañera del rétor Agustín de Hipona, la madre de su hijo, contestando a la versión de las Confesiones de Agustín, recontando su historia desde otro lugar.

Se puede escribir de otra manera. Hay libros que lo prueban.

miércoles, 20 de junio de 2007

Urbanas, movimiento.

Se mueven las paredes, los parques, se mueve el río, se mueve el mobiliario y los enseres, se mueve el suelo y el techo, se mueve el agua por las tuberías y el gas por los quemadores, se mueve el gel de baño y ducha que sale por la boquilla fina del bote de gel...

Se mueve el aire, se mueven las nubes y la humedad que permite que, a veces, respiremos de nuevo.

Lo que se queda quieto se cubre de moho y de pintura, recibe el saqueo de los conquistadores de la nada. Lo que no se mueve queda expuesto a la inclemencia de los ciudadanos...


jueves, 14 de junio de 2007

La bitácora como historia... y como vida.

Hace ya mucho tiempo -año y pico, no creáis- escribí un post al que llamé La bitácora como historia (¿1?). Como creo que lo que decía allí merece la pena, lo vuelvo a copiar aquí. Pensaba entonces, con poca experiencia, algunas cosas sobre la escritura de una bitácora, las cuales expresaba usando conceptos de algunos filósofos. Sigo firmándolo después de este año y pico de escritura y lectura de bitácoras:

Como si fuera el sein heideggeriano (no tengáis miedo, esta referencia es sólo un adorno), la bitácora tiene como característica constitutiva la temporalidad. No sólo en el sentido obvio de su secuencialidad cronológica, de su automatismo datador, sino también en un sentido constitutivo: cada post, cada corte en el tiempo, tiene sentido en el momento de su publicación, y si no tiene sentido inicialmente es por su incapacidad para alcanzar su momento. La bitácora queda como un reflejo de la secuencia del tiempo, de la temporalidad, pero, de la temporalidad ¿de qué?. A través de la bitácora vemos lentejuelas del tiempo que hacen de ventanas a momentos en el pensamiento de su autor, en la circunstancia de este pensamiento, en todo o parte de lo que lo rodea, aquello en o frente a lo que piensa... o siente... o vive. La bitácora es, entonces, en cierto sentido, como un reguero de ventanas a la historia intelectual del que escribe y del que lee (en el sentido que da Rorty a esta expresión, que incluye desde el TBO hasta la ONU, desde el Tetris y el Come Coco hasta la Crítica de la Razón Pura y el Manifiesto comunista, desde la canción desesperada de Neruda hasta el atardecer en la playa de Cádiz, junto a los bloques...) Y, por eso mismo, la bitácora es un caleidoscopio que enfoca la historia afectiva del que escribe y del que lee (desde la emoción de aquella primera publicación a la del primer abandono, desde cada dolor y cada alegría, desde cada cansancio y cada desánimo a cada impulso de rabia, reconstitución, creación...) y la proyecta en mil facetas, mil colores movibles y fascinantes. De este modo, la bitácora es vida, no simplemente un reguero de ventanas a la vida, sino vida que se cuela en la red para tocarse las puntas de los dedos con otras vidas... (Llegado a este punto de cibermística, voy a cerrar el post, la ventana, voy a dejar este dedo tendido a ver si alguien me lo toca en un comentario, un enlace, y me voy, mientras tanto, a ir junto al mar, a ver, a acompañar, a charlar sin mediaciones técnicas...) Hasta luego.

martes, 27 de marzo de 2007

Leer, escribir... viajar.

Con la narrativa, la exploración de mis circunstancias inmediatas, había avanzado gran parte del camino. Los viajes me llevaron aún más lejos.

V.S. Naipaul, Leer y escribir. Una versión personal,
Barcelona, DeBols!llo, 2006, pág. 59

viernes, 9 de febrero de 2007

Útiles de trabajo




lunes, 5 de febrero de 2007

De lo universal en los escritos.

Hoy tengo que hacer una copia doble. En Guerra a la Penumbra, Nat ha publicado un excelente post acerca de lo universal en la escritura. Como lo que se dice se puede aplicar al trabajo de elaboración y selección de materiales para el aula de Filosofía, lo he copiado en Didáctica de la Filosofía con el título Lo universal en la escritura... Como me gusta y me sugiere mucho, también lo copio aquí en Nómadas:

“Cada vez que nos proponemos escribir acerca de un tema, debemos preguntarnos qué tiene de universal: cuál metáfora, símbolo o signo que nos permita pasar de lo pequeño a lo grande. Debemos hacer una reflexión porque sólo si encontramos este vínculo, este pasaje entre lo local y lo universal, nuestro texto tendrá peso y valor. Sólo así el lector descubrirá en nuestro texto, junto a la historia concreta, un mensaje universal, una pista que le ayude a descifrar las leyes del mundo.

¿Por qué algunos textos pueden vivir cien años y otros textos mueren al día siguiente de su publicación? Por una diferencia capital: los textos que viven cien años son aquellos en los que el autor mostró, a través de un pequeño detalle, la dimensión universal, cuya grandeza dura. Los textos que carecen de este vínculo desaparecen.

Conviene tener presente este requisito de universalidad también a la hora de recoger el material, mientras investigamos nuestro tema. Es una cuestión de talento, de intuición, pero también de amplitud de conciencia, de sabiduría. Y, sobre todo, se trata del secreto para que unos textos perduren y otros se pierdan en el olvido.”

* Fragmento del libro Los cinco sentidos del periodista, de Ryszard Kapuściński (FCE, 2003)

viernes, 2 de febrero de 2007

Objetividad y escritura

Vía Guerra a la Penumbra:

"Un periodista argentina muestra un reportaje sobre una boliviana embarazada que cayó misteriosamente del vagón de un tren en marcha de Buenos Aires, en un país donde la xenofobia es un deporte que amenaza con desplazar al fútbol. La periodista tiene un niño pequeño y pregunta si está bien que eso influya en su visión de la historia, en su indignación. El maestro responde: Los mejores textos son aquellos que se escriben con toda pasión. La objetividad produce textos fríos, textos muertos, que no convencen a nadie."

Fragmento de "Reportaje a la memoria", texto de Juan Manuel Robles, un homenaje a Ryszard Kapuściński en El Comercio Perú. Merece la pena leer el post completo.

La escritura a veces...

La escritura ha ocupado a veces el lugar del cielo, del aire, de aquello que permite seguir respirando en el trabajo diario de atravesar el páramo, el desierto, el yermo, hasta llegar al vergel, al jardín prometido o imaginado, al premio, al triunfo, al refugio, a la utopía sin dueño y tantas veces vendida, contada, querida, deseada, inventada, amada, desconocida, pervertida, perdida, escondida, reservada, traicionada, destrozada, disuelta en el fluir de los tiempos, las personas, los poderes...
¿Cómo rescatar el cielo de un dibujo que ya no tenemos?