martes, 19 de diciembre de 2006

Escribir por escribir... (principio de los 90).

Esto es un pequeño ensayo de cuento. No se culpe a nadie de lo extravagante del mismo. Pretendía que tratara sobre seres humanos que se encuentran inesperadamente, pero no sé si esto será posible: podría ponerme triste y mi médico me lo ha prohibido. De todos modos, siempre se me escapará algo de este tema —hay un demonio travieso en mi modo de escribir que no perdona ninguna distracción. Además, ¿cómo escribir sobre otra cosa? La mayoría de los encuentros, incluso los preparados, terminan siendo inesperados.

Como esto es un ensayo de cuento, yo, el presunto escritor, debería comenzar presentando los personajes de algún modo original. No voy a hacerlo. Algún día me lo agradeceréis, sobre todo si os atrevéis a leer cualquier cosa que haya escrito. Me parece que voy a escribir este cuento sin personajes, o al menos sin lo que se entiende normalmente por personajes, estoy bastante harto de que la gente ande buscando parecidos con la realidad que, es sabido, nunca son pura coincidencia.

En realidad, he de confesarlo, esto no es ni siquiera un ensayo de cuento. ¿No os habíais dado cuenta aún? Es una excusa para hablar, sin trabas y con muchas trampas, de lo que no se puede hablar. Suponed, por ejemplo, que yo quisiera decir algo —es sólo una suposición, para eso tendría que tener algo en la cabeza—, ¿cómo hacerlo sin descubrirme? A estas alturas pensaréis que soy terriblemente complicado y estaréis a punto de abandonar la lectura. ¡Bien! De eso se trata. Si no habéis dejado de leer, descubriréis que no se puede sacar mucho en claro de lo que escribo. ¿O sí? Me gusta pensar que hay alguien más en el mundo que me conoce y puede entender de que va todo esto. Alguien quizá que sabe cuando y como y para quien lo he escrito. Pero me estoy desviando del tema que quería evitar, y esto es imperdonable. Volveré a intentarlo.

Quedamos en que esto era un ensayo de cuento sobre seres humanos que se encuentran inesperadamente. Quedamos, además, en que esto no era siquiera un ensayo de cuento, en que era una excusa no más. Podemos dejarlo así por el momento y continuar, siempre gusta saber qué es lo que se está leyendo (pronúnciese ‘leiendo’).

¿No os da miedo pensar que estamos casi al final de la primera página y todavía no he dicho nada? Soy un gusano (guiño), lo sé, pero esto es una de las cosas más agradables que me han pasado últimamente. Quedan sólo seis líneas y creo que estoy en condiciones de afirmar, y no equivocarme, que no diré nada nuevo en ninguna de ellas. Lo siento mucho, perdonadme, sé que se os está haciendo pesada la lectura, sé que esto no es un cuento … bueno, la verdad es que no sé siquiera qué estoy escribiendo ahora mismo, qué me está permitido escribir.