martes, 19 de diciembre de 2006

Clumsyman

En el principio, el héroe,
Clumsyman,
se confunde de nuevo y,
sin saber como,
comienza a ser feliz.

Por supuesto que se preocupa,
no es esta una cosa para tomar a la ligera.
Decide entonces cavar hondo,
desenmarañar la raiz rubia
de tanto gozo.
Se preocupa más.
Está ahí,
ante sus ojos,
palpitando quién sabe por qué,
por quién.

Nota un dolor o un latido,
canta una canción entre dientes,
llama mil veces por teléfono a ninguna parte.
Día tras día busca una certeza
en unos ojos que no están,
en una boca que no está,
en una presencia lejana.

Construye símbolos y azares,
quiere saber y se abre,
y mira dentro,
y busca en las entrañas un oráculo.
Quiere saber y mira
unos ojos que ya están,
unos labios que ya están,
una presencia que ya está ahí.

Y aprende de nuevo día a día
a desenterrar lo que ya no es
y se pudre dentro,
a resembrar el barbecho breve e inútil de su cuerpo de soles y lunas renacidas.

Y ya no es el principio,
y ya no es el triste Clumsyman
sino una fuerza que sube y reconstruye,
que ríe y bebe
vida,
sueños,
tiempo y miedo;
y que sólo lamenta
no tener más tiempo para querer.

Sevilla, 1991