viernes, 14 de abril de 2006

75 aniversario de la República española


Llegó el gran día.

No podemos, no debemos olvidar.

Debemos intentar hacer presente lo que de positivo tuvo el intento republicano de 1931 y, por tanto, lo que debemos intentar recuperar, si bien adaptado a la situación actual.

Por ejemplo:

Defendemos la laicidad del Estado, de forma que las creencias religiosas queden en el seno de la conciencia personal de las gentes. Igualmente afirmamos que la educación pública debe ser laica, sin asignaturas de religión, ni privilegios para ninguna confesión religiosa. No se puede seguir argumentando que los Acuerdos con la Santa Sede, de 1976 y 1979, son un muro insalvable para avanzar hacia una sociedad y una escuela laica. Exigimos su denuncia y derogación.
(Fuente: Manifiesto por la III República)

Otro ejemplo:

Mientras la Constitución de 1931 establecía la renuncia a la guerra para intervenir en conflictos internacionales, se nos mantiene en la OTAN y, 20 años después del Referéndum, estamos en la cúspide de su estructura militar, ocupando países como Afganistán y con nuestro suelo plagado de bases militares de EE.UU. Se mancilla así la independencia y la soberanía nacional, se facilitan las agresiones imperialistas a otros pueblos y el atropello de los derechos humanos, incluyendo el expolio realizado por las multinacionales españolas, especialmente en América Latina.
(Fuente: Manifiesto por la III República)

Y aún más:

El 14 de abril de 1931, España tuvo una oportunidad, y los españoles la aprovecharon. Pese a la brevedad de su vida, la II República desarrolló en múltiples campos de la vida pública una labor ingente, que asombró al mundo y situó a nuestro país en la vanguardia social y cultural. Entre sus logros, bastaría citar la reforma agraria, el sufragio femenino, los avances en materia legislativa de toda índole, la separación efectiva de poderes, las constantes y modernísimas iniciativas destinadas a difundir la cultura hasta en las comarcas más remotas, el decidido impulso de la investigación científica o el florecimiento ejemplar no sólo de la educación, sino también de la asistencia sanitaria pública, para demostrar que aquel bello propósito generó bellísimas realidades, que habrían sido capaces de cambiar la vida de un pueblo condenado a la pobreza, la sumisión y la ignorancia por los mismos poderes -los grandes propietarios, la facción más reaccionaria del Ejército y la jerarquía de la Iglesia Católica- que se apresuraron a mutilarlo de toda esperanza.
(Fuente: Manifiesto "Con orgullo, con modestia y con gratitud")

Además, hay otras cuestiones, como

la recuperación de la memoria histórica de aquellas personas que sufrieron cárcel, represión, muerte o exilio por defender la democracia y la libertad. Está pendiente desde hace 30 años, sin que el Gobierno haya cumplido aún su compromiso de 2004 de enviar al Congreso la Ley de Restitución de la Memoria.
(Fuente: Manifiesto por la III República)

Estas cuestiones son independientes de la aceptación de una constitución monárquica o una constitución republicana. Son más básicas, cercanas al suelo sobre el que debe asentarse una sociedad y un estado democráticos y plurales.

Estas cuestiones deberíamos defenderlas todos los que queramos una auténtica democracia, desde la justicia y la igualdad.

Además, tanto por causas históricas como por causas ideológicas, algunos defendemos que deberíamos iniciar la verdadera transición democrática: la transición por medio del diálogo social (y su transmisión a un diálogo parlamentario) hacia la III República española.