sábado, 1 de julio de 2006

Tal vez fuera...

La risa no le permitió saber qué pasó cada día de ese tiempo. Primera mentira. No pudo ser la risa. La risa divierte, no ciega. La risa alimenta, no oculta. La risa consigue que se muevan mundos y encajen, aunque sea a su propia costa. La risa muere a veces trayendo el conocimiento por medio del humor y la ironía... queda entonces como un pobre gesto sin fuerza ya, que aún se resiste a abandonar la cara, la postura de los labios y las mejillas, que casi duelen de ridículo y sin sentido.

Si no fue la risa, qué fue. Tal vez fuera la idea. Segunda mentira. No pudo ser la idea. La idea no retrata un mundo ni una persona. La idea es amplia y vacía, debe llenarse, combinarse, interpretarse y utilizarse... debe lanzarse al mundo para poder hacer algo. Sólo, en sí misma, no es nada más que un sentido que no tiene objeto...

Si no fue la idea, qué fue. Tal vez fuera la conspiración. Atractiva opción en la que el mundo convierte al sujeto en víctima, los otros se imponen y no se puede hacer nada, por lo tanto no hay nada que hacer, no hay necesidad de hacer nada ni se puede reclamar no haber hecho nada... Pero la conspiración tampoco pudo ser. La conspiración es, en general, ruidosa. Sea de una persona o del mundo entero, la conspiración se muestra diariamente llenado de muros, cortes de luz, caídas de servidor y terribles troyanos la vida del sujeto... ¿cómo no darse cuenta entonces de lo que está pasando? ¿Es que es posible darse cuenta de cada cosa que pasa pero no de lo que está pasando?

Si no fue la conspiración, qué fue. Tal vez fuera...