lunes, 3 de julio de 2006

Escena romana


Parto ahora hacia el destino, la suerte está echada, los augures aún no han hablado, pero las vísceras están ya palpitantes sobre las manos de los arúspices. Por el camino, sacerdotes extranjeros de extrañas sectas agitan sus piedras mágicas ofreciéndome premoniciones, adivinos y quiromantes me acosan como fantasmas con sus visiones y sus designios. Aprieto los dientes y afirmo el paso hacia el templo donde el arúspice con más experiencia me espera para leer en lo vivo lo que va a suceder. No hago cábalas ni dejo que los miedos se vistan con imágenes. Estoy nervioso, pero de un miedo desnudo que sólo tiene a la incertidumbre como argumento. Subo ahora las escaleras...