sábado, 1 de julio de 2006

Marginalia (3)

Puedes llegar al otro extremo del mapa, conocer lugares increibles, reír en ciudades mágicas respirando el aire enrarecido y feliz de las alturas. Puedes creer que todo va bien y que estás haciendo algo. La borrachera del momento te ayuda a mantener la excitación del descubrimiento, de la inmersión, la increible sensación que se produce cuando las paredes de tu mundo se ensanchan y se amplían. Cuando de golpe lo que en tu mundo era una línea en un libro, tal vez una foto, pasa a tener imagen en movimiento, olor, sonido... Los colores son nuevos y también viejos conocidos, los olores mezclan lo básico que descubriste hace ya mucho con miles de matices inexplicables que nunca habías sentido. Los sabores son nuevos, incluso, a veces, el tacto. Los sonidos adquieren nuevas cadencias que se mezclan con las ya conocidas en un delicioso guirigay... Puede haber pasado ya todo eso y no haberse alterado ni un ápice los cimientos de tu mundo, el sentido de las cosas, tu misma percepción.

Pero también puede ocurrir que, de golpe, algo que ves, que oyes, que hueles, que tocas, que saboreas... algo que te impregna, te cambia. Se rompe el mundo, se agrieta el sentido. Ya no sirve lo que habías pensado, o sí, pero no tal como lo habías pensado. Tu mundo se amplía, sí, pero no estirándose, pero no tirando de sus límites como si fueran bandas elásticas que permiten abarcar cada vez más y más dentro del mismo paquete. Tu mundo se amplía, pero rompiéndose. Porque lo que estás viviendo no cabe en él. Entonces se rompe, se reorganiza, se recoloca. Las cosas cambian de sitio y de importancia. Algunas parecen diluirse, otras fortalecerse... lo que no existía comienza a existir... saltan chispas y chocan los continentes buscándose y huyéndose...


Tu mundo cambia, tu mundo ya no existe, es otro... No te engañes. ¿Qué pasó contigo mientras? No te rías, es importante. Si no pasó nada, puede que te sientas perdido en ese nuevo mundo que ya no es el tuyo, que tiene las cosas en otro sitio y que no entiendes de golpe... Si algo pasó, puede que te orientes, bien o mal, tardarás en saberlo, que tus fines sean otros, otras tus preferencias... No ha quedado todo arrasado, ¿o sí? Tal vez reconozcas algo de lo que veías antes, tal vez todo esté en su sitio de siempre, pero con intensidades diferentes... El mundo y tú, tú y el mundo... Abres un nuevo horizonte en el que te recortas o te fundes de una nueva manera, porque ya eres otro... ¿o es que te creías que estabas a salvo de todo cambio? ¿O es que te creías que no podías ser tocado por lo que te circunda y te constituye?

Te levantas una mañana, nuevo tú en tu nuevo mundo. Miras alrededor, mírate también a tí mismo. Averigua en qué se ha convertido tu mundo y en qué te has convertido tú. ¿En qué estás? Ya sabes, puedes llegar al otro extremo del mapa y volver con un bonito album de vacaciones, siendo el mismo y con más fotos en el album de lo que sigue siendo tu mundo de siempre, ahora un poco más grande y detallado... pero puede ocurrir que algo te invada el sentido, cambie, rompa, rehaga... y entonces el album ya no será el album del mismo mundo, ni tú serás tú, sino otro, tal vez casi igual, pero nuevo... y nada de esto es magia, sino sólo y únicamente realidad que cambia.