jueves, 20 de julio de 2006

Los poetas de la República

No sé dónde compré el otro día un libro que me llamó la atención: Los poetas de la República. Lo editó Hermes en 1997, y la edición estuvo a cargo de Miguel Casado y de Olvido García Valdés. En el libro se recogen poemas de Pedro Salinas, Jorge Guillén, Juan Larrea, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Rosa Chacel, Federico García Lorca, Emilio Prados, Rafael Alberti, Luis Cernuda y Manuel Altolaguirre.

Los editores justifican el título así:

"... esta antología acepta moverse dentro de algunas de las categorías y variaciones establecidas, como lo aconseja el medio académico al que va destinada, pero advirtiendo que se descree de ellas, tratando de dibujar mínimas líneas de fuga y proponiendo la necesidad de una relectura más libre de toda la poesía del periodo y una nueva descripción y evaluación de ella.

Por estas razones, se ha preferido el título de Poetas de la República. Con él, por un lado, se evitan los mecanicismos del término generación; por otro, se reconoce la necesidad de seguir acogiéndose, mientras la amplia relectura citada no se realice, a criterios de signo histórico y extraliterario: la República los asume con más consecuencia que una fecha pseudopoética como 1927.

El título supone el recurso a la memoria histórica, tan importante para entender el proceso literario. Es cierto que estos poetas no se distinguieron, salvo las excepciones conocidas, por su activismo político, y que no tuvieron el protagonismo republicano de algunos de sus mayores, como Antonio Machado u Ortega y Gasset. Pero también es cierto que la mayoría eligió el exilio y rechazó el nuevo régimen nacido del golpe militar de 1936; así lo hicieron también los que permanecieron en España, quizá con la única excepción de Diego.

Parece adecuado entonces que este plural proyecto de modernización poética se identifique simbólicamente con los cinco años (1931-1936) quizá más libres en la historia de España durante este siglo, al menos en el largo periodo que va de 1923 a 1977." (págs. 30-31)

Lo más importante de todo: los poemas. He vuelto a leer algunas joyas de La voz a tí debida, de Salinas, como

"Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¿Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!"

o

"Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo."

He retomado frases de Guillén como

"Potencia de injusticia que es el hombre"

o

"- ¿Tiene usted enemigos?
- Uno sólo:
el que me simplifica."

También he vuelto a encontrar a Aleixandre:

"Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida".

He descubierto la poesía de Rosa Chacel, que no conocía:

"Cuarenta metros cúbicos de soledad, el cuarto.
El abrigo en la percha..."

También me han vuelto Lorca, Prados, Alberti... Cernuda volvió a decirme:

"Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido".

Y también:

"Existo, bien lo sé,
Porque le transparenta
El mundo a mis sentidos
Su amorosa presencia".

Y Manuel Altolaguirre:

"No hay muerte ni principios.
Sólo hay un mar donde estuvimos y estaremos,
un mar de peces que son como nosotros,
que vuelan cuando nacen,
que se hunden cuando mueren;
peces voladores
que saltan a la luz
sin llegar a ser ángeles".

Hay más... mucho más... me voy a leer...